¿Cómo te sentirías si una noche te acuestas en tu cama y despiertas en un lugar desconocido,  por ejemplo…en una sala de hospital?. No sabes qué sucede… esta sala tiene olor, rostros y sonidos desconocidos. Probablemente necesites explicaciones de lo que sucedió, de tus seres queridos o un poco más de cariño de lo que habitualmente recibes. Afortunadamente los adultos tenemos la posibilidad de expresar nuestro malestar o nuestras dudas, no así los niños y las niñas, quienes muchas veces no encuentran las palabras para explicar qué sienten ni cuáles son reales sus necesidades.

Para ellos, con frecuencia la hospitalización se asocia con consecuencias psicológicas adversas. Éstas surgen a partir de una mayor percepción de vulnerabilidad, lo que influye en el surgimiento de una serie de alteraciones que pueden observarse a través de:

Conductas: agresividad, oposición, falta de adhesión al tratamiento médico, trastornos de sueño y de apetito, respuestas de evitación, mutismo o dependencia afectiva.
Cogniciones: déficit de atención o dificultad para concentrarse.
Emociones: ansiedad, miedos y temores; depresión, apatía o falta de interés por las cosas.

Cabe señalar que dichas dificultades suelen agravarse como consecuencia de la propia enfermedad física que hace necesaria la hospitalización.

Ante esto, se hace necesario actuar a favor de las principales necesidades detectadas, con el fin de contribuir a la generación de un entorno físico, social y afectivo saludable, en la medida de lo posible. Existen áreas de trabajo prioritarias, tales como:

  • Familia: educación sobre la enfermedad y sus consecuencias, con el fin de promover cooperación, implicación, cuidado del niño y reducir la ansiedad e incertidumbre asociada a la hospitalización. También será necesario favorecer la comunicación y la re-organización familiar.
  • Educación:se pretende evitar la marginación del proceso educativo y posibilitar así su incorporación a la vida escolar normal, una vez superada la enfermedad.
  • Bienestar psicológico: se pretende conseguir la mejor adaptación posible de los niños y niñas al nuevo medio, así como que lleguen a comprender qué es lo que le está sucediendo y por qué. El juego, los cuentos, la música y/o el contacto con sus adultos de confianza contribuirán al bienestar psicológico en la medida que favorezcan la expresión emocional y la percepción de seguridad.
  • Vida social: se pretende crear un ambiente lo más cercano a su vida diaria, satisfaciendo la necesidad de relacionarse que todo niño precisa.

La finalidad última es ayudar, reforzar y apoyar psicológica y socialmente los procesos de enfermedad y hospitalización, con el fin de conseguir la mayor normalización en la vida del paciente y su familia.

Jorge Escudero Bello, Psicólogo
Equipo Chile Crece Contigo de HRRIO.
Unidad de Apoyo Psicosocial y Educativo